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Soy de BiglitDos.
Los biglits solemos cruzar el puente sobre el río Sí, que separa de HetHom. Seamos científicos, aventureros o poetas, deseamos sobre todo conocer a los hets, nuestros lejanos.
EL PUENTE SOBRE EL RIO SI. Autora: Mónica Efron. Cuentos Infantiles de Diversidad
Soy de BiglitDos. Los biglits solemos cruzar el puente sobre el río Sí, que separa de HetHom. Seamos científicos, aventureros o poetas, deseamos sobre todo conocer a los hets, nuestros lejanos. Los he visto muchas veces, detenerse frente al puente con un temblor pintándoles el cuerpo, de miedo ante el cartel que dice Río No; y aunque nunca, nunca olvidan que somos una misma familia, la mitad BiglitDos les parece tan extraña que el temor cierra sus ojos y bloquea su ciudad. Vallas protectoras, muros altísimos con dibujos continuados en mil formas, tejen un laberinto de calles en espejo, enlazan en el cielo cúpulas y arcos encerrando al poblado como un sólido jaulón. Adentro apenas se ve el sol. La única salida de HetHom es el camino al puente sobre el Río Sí, que de ese lado llaman No. Hemos andado siempre, tanto por el lugar, que para ignorarnos los hets acabaron retirándose, dejando sin construir allí sus clásicas defensas.BiglitDos, por suerte, es abierta. Dispersa, cambiante, despierta, no se resiste al tiempo ni a la imaginación. Los biglits adoramos la creación, la novedad, la diversión...! Si por nosotros fuera no habría exclusiones: es imposible saber quien es biglit o het; salvo por nuestros ojos abiertos no existe diferencia. Pero los hets son pintorescos. Caminan de memoria, a ciegas, con los párpados bien apretados, impulsados por un repertorio de rutinas y ordenamientos ridículos si vieran! Tan intrincada resulta su alineación de terraplenes y de rejas, que desde aquí, HetHom parece un animal fantástico extraviado en sus rituales, que en busca de descanso se recostó en la orilla, y se durmió. ¡Por eso silenciamos nuestras pisadas sobre el puente, y cuidamos no llamar Sí a su río No!¿Quién se arriesgaría a despertar en semejante bicho la hostilidad?Cierta vez me perdí en HetHom. Curva más o menos, para mí, todo parecía duplicarse de calle a calle, nada distinguible me indicaba si ya había pasado por allí. Acudí entonces a un niño het, que dormitaba en un umbral. -Lleváme hasta el puente, por favor! le susurré. Hizo un largo silencio; finalmente aceptó, en tanto yo le hablara. Sus ojos permanecían cerrados y no podía verme, por lo que supuse que me controlaría al escucharme.En el camino le conté un poco de todo: el paisaje varía de este a oeste y norte a sur..., bandadas de pájaros cruzan mares para encontrar otros veranos...., hay gente que viaja en avión llevando su arte a otros lugares... , siguiendo la orilla ves personas amándose, ... tantas variantes del amor y del humano como tornasoles reflejan las aguas del río... Estaba a punto de nombrarlo Sí, cuando me interrumpió: -¡ Conocés mucho! ¿ Con tan pocos años? No podía creerme. Era información prácticamente inaccesible para un het. Le oí entonces canturrear un slogan: “HetHom es toda, Todo es hethom”. Adiviné que se aferraba a su jaula con empeño enfermizo, y que quitar las defensas suponía para él o para ellos llamar a la desgracia, una amenaza de disolución! Miré al het, desesperado. -Eees que pa..papá y mamá, tartamudeó, aman lo que conocen ... se eee... se esmeran en preservarlo. ¡Mis dos padres también! grité casi, feliz de encontrar algo tan importante en común. -Pero cuidar, para nosotros – aclaré la voz, -no es clausurar. No podemos cerrarnos, amamos la luz. Hay demasiadas cosas invisibles: el mundo es delicado.De repente el puente apareció, esquivo o luminoso, delante nuestro. Cruzáramos o no, anunciaba algo más, una continuación. Het se detuvo: -No entiendo, dijo. Hubo un silencio hondo como el río. Después, pensó en voz alta: -Si ustedes aman... como nosotros... lo invisible... porqué dividirnos? La ciudad es pequeña o generosa, brillante o sombría, mezquina o soberbia, según como se la mire. Y esto no depende de lo que veamos. Para nosotros, igual que para ustedes, ¡hay detalles, instantes más allá de la visión! Callé. Mis madres me habían enseñado que se llega al fondo de las cosas con el corazón. Llevé la mano del het a mi pecho: golpeteaba con fuerza, bum, bum. Él la volvió hacia el suyo: -Amigo, me dijo, te reconozco sin necesidad de abrir los ojos. Algo insondable nos unía. Biglits y hets latíamos al unísono, el mismo ritmo nos mecía.... como si un mismo cuerpo hubiera sido dividido formando dos. El sol se derretía en el agua y un vapor fosforescente cayó sobre la ciudad. BiglitDos y HetHom se encendieron como un enorme rubí, un símbolo de aquello que acabábamos de descubrir. Supe entonces que nos encontraríamos con sólo quererlo, llevándonos las manos al pecho. Anochece, -pude decir al het. Me esperan. Con una suave inclinación de uno hacia el otro, nos despedimos sin tristeza. Llegué a casa y abracé fuertemente a mis dos madres. Conté entonces mi aventura y les agradecí su valentía de haberme dejado los ojos abiertos a todo, pero más, haberme enseñado que las cosas más difíciles se entienden con el corazón.
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